Hay esperas que parecen eternas.
Y hay silencios que solo Dios sabe cómo llenar.
Negaira esperó nueve años para convertirse en mamá.
Nueve años de intentos, tratamientos, oraciones y preguntas sin respuesta.
Pero no estuvo sola.
Dios le envió a Molly.
Molly no fue “solo una mascota”.
Fue hija.
Fue compañía.
Fue consuelo en la soledad de un matrimonio marcado por la ausencia, los turnos largos y la espera que dolía.
Mientras los años pasaban y el embarazo no llegaba, Molly estuvo ahí.
Calentando los pies en las noches frías.
Secando lágrimas que nadie veía.
Sosteniendo la fe cuando parecía flaquear.
Dios siempre se hace visible de alguna forma.
Y muchas veces lo hace a través de Su creación.
Cuando finalmente llegó la promesa —dos bebés— Molly empezó a despedirse.
No por abandono.
Sino porque su misión había sido cumplida.
Partió justo cuando Negaira necesitaba todas sus fuerzas para cuidar a dos recién nacidos prematuros.
El tiempo fue perfecto.
Como siempre lo es con Dios.
Los perros no llegan por casualidad.
Llegan cuando más los necesitamos.
Y se van cuando ya nos han sostenido lo suficiente.
Molly fue una bandita al corazón.
Una preparación para la maternidad.
Una demostración viva de que Dios nunca abandona en la espera.
Si hoy estás esperando algo que no llega, recuerda esto:
Dios no te ha dejado sola.
🎧 Escucha el episodio completo aquí:
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